Entretenimiento
La última misión de Patrick Stewart
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Patrick Stewart no necesitaba recurrir a la fuerza para imponer autoridad.
Como el capitán Jean-Luc Picard, en Star Trek, o el profesor Charles Xavier, en X-Men, interpretó a dos líderes que preferían el diálogo antes que la violencia y que, pese a sus responsabilidades, también podían equivocarse y mostrar sus debilidades.
Esa capacidad para dar humanidad a personajes, asociados con el poder, fue una de las características que distinguieron al actor británico, quien falleció ayer a los 86 años, después de padecer Alzheimer y demencia con cuerpos de Lewy.
Para Silvestre López Portillo, crítico de cine y director del festival ENCINEMX, la trayectoria de Patrick Stewart también demuestra que la edad no necesariamente representa un obstáculo para alcanzar el reconocimiento internacional.
“Patrick Stewart tenía 47 años cuando hizo Star Trek: The Next Generation. Es de estos actores que han enseñado que la vida después de los 40 es maravillosa y que hay personajes y papeles. Se encontró con un gran personaje y después con otro. No es que solamente hiciera esos dos, hizo muchos más, pero esos personajes lo mantuvieron”, comenta en entrevista con EL UNIVERSAL.
En 1987, Stewart asumió el papel de Jean-Luc Picard en Star Trek, serie de ciencia ficción ambientada en el siglo XXIV. Como capitán de la nave Enterprise, tenía la responsabilidad de dirigir a una tripulación que exploraba otros mundos y entraba en contacto con civilizaciones desconocidas.
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Aunque el personaje debía enfrentar amenazas y tomar decisiones que ponían en riesgo la vida de sus compañeros, Picard prefería recurrir a la diplomacia antes que a las armas. Su autoridad no dependía únicamente de su rango, sino también de su disposición para escuchar y reconocer sus propios errores.

A lo largo de seis décadas, equilibró su carrera entre el teatro clásico y los personajes de la cultura pop en el cine y la tv. Foto: Agencias
Trece años después, Stewart encontró un personaje con principios similares en X-Men (2000), donde interpretó al profesor Charles Xavier, un poderoso telépata que había fundado una escuela para jóvenes mutantes, personas que nacían con habilidades extraordinarias y que sufrían el rechazo de una sociedad que les temía.
Xavier buscaba que humanos y mutantes pudieran convivir en paz, una postura que lo enfrentaba con Magneto (Ian McKellen), quien consideraba que los mutantes debían defenderse de la persecución humana incluso mediante la violencia.
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Para López Portillo, Stewart encontró en Picard y Xavier dos figuras de autoridad que compartían la convicción de que el poder no debía ejercerse a través de la violencia. Sus interpretaciones también mostraron que incluso quienes tenían la responsabilidad de proteger a otros podían experimentar miedo, cometer errores y mostrar fragilidad.
“Los dos personajes son líderes, pero no son líderes físicos como tal, son líderes muy inteligentes y con convicciones. Ambos creen en el diálogo, en la tolerancia, en el respeto hacia quienes son diferentes”.
Ambos personajes, agrega el crítico, conectaron muy bien con distintas generaciones porque presentaban una figura de autoridad que no se imponía por medio de la violencia.
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“Stewart hizo de estos dos líderes algo casi paternal, no solamente son héroes, más que eso, son seres humanos. Humanizó la parte del héroe”, explica el votante de los Golden Globes.
Nacido en Mirfield, Inglaterra, en 1940, Stewart comenzó su carrera en los escenarios y formó parte de la Royal Shakespeare Company, donde desarrolló una disciplina que años después trasladaría al cine y la televisión.
Aun con el éxito de Star Trek y X-Men, Stewart no limitó su trabajo a estas franquicias. Destacó también como el capitán Ahab en la miniserie Moby Dick (1998), por la que recibió nominaciones al Emmy y al Globo de Oro, así como con su participación en A Christmas Carol (1999).
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Obtuvo dos premios Laurence Olivier y un Grammy.
Stewart contrajo matrimonio en tres ocasiones y tuvo dos hijos.
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A Azalea le importa lo que ocurre dentro del reality, no afuera.
Desde que debutó en este tipo de formatos, en 2002 (Big Brother), ha aprendido que las nuevas tendencias y las cancelaciones en redes sociales no son parte del juego. De hecho, no comenzó su carrera con estas modas, por lo que, afirma, se dedica a mostrar su personalidad sin intenciones de agradar a nadie.
“Me han preguntado mucho: ‘¿te da miedo estar funada o ser funada?’, para empezar, no soy una mujer de redes, porque yo no inicié mi carrera en redes, pues a todos los haters les mando un gran beso, un abrazo y un chorro de bendiciones, porque gracias a todo lo que repostean de mí, gente que no me conoce, me conoce. Los amo muchísimo y estoy muy agradecida porque al final yo prefiero ser odiada que olvidada”, dice a EL UNIVERSAL.
“La negra”, como le dicen, salió esta semana de La Granja VIP, su tercer reality show y que, asegura, le gustó mucho, aunque hay algunas personas a las que no quisiera volver a ver por ningún motivo, y no por rencor, simplemente no ve un punto de encuentro fuera del reality.
Se trata de Niurka, Julio, Natalia y sobre todo Rafael, con quien tuvo un encontronazo que derivó directamente en su salida del reality de Azteca, algo que, señala, parece ser parte de su estrategia en el juego.
“Su estrategia es ser un provocador profesional, ya llevábamos una semana con una mala racha de estar peleando todo el tiempo y llega un momento en el que te hartas; sé que tengo carácter fuerte, soy de mecha corta, soy una mujer muy reactiva, lo han visto, pero no me meto con nadie si no se meten conmigo.
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“No me gusta que me traten mal. Rafael rompió y rebasó límites en cuanto a estar todo el tiempo molestándome”, explica.
Algunos expulsados de La Granja VIP, como María Karuna, han expresado su deseo de que cambie el formato del show, proponiendo clases de canto o ejercicio para que el público aprenda y no solo vea peleas, pero Azalia piensa distinto.
“No es un programa para enseñar buenos modales, ni morales, ni clases de ni madres; de por sí oírlos cantar todo el tiempo llega a ser abrumador. No, que mantengan este formato que está súper divertido y quien quiera dar clases de canto, que se rente como maestro”.
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Hay sucesos que marcan la vida, como le pasó a Estefan Jackson, quien de adolescente vio en vivo la actuación de Michael Jackson en el Estadio Azteca como parte de su gira Dangerous World Tour en 1993. Tan impresionado quedó que, desde hace 32 años, es uno de los mejores imitadores del llamado Rey del pop.
“Si por un segundo hago que veas a Michael Jackson en el escenario, mi trabajo está hecho. Lo principal de un imitador es hacer que la gente se acerque a su ídolo y que lo pueda disfrutar, porque ya no habrá otro Michael Jackson en la historia de la música”.
Estefan cuenta con la aprobación de la familia Jackson, comenzando por La Toya, a quien tuvo la oportunidad de conocer en persona cuando en 2019 vino a promover el Forever, The Best Show About The King of Pop.
“Estuvimos platicando acerca de Michael. Me dijo: ‘está muy bonito lo que haces, síguelo manteniendo con ese respeto y con esa línea de cuidar mucho cada detalle, he visto muchos imitadores en el mundo, pero me gusta cómo te ves’; me encantó”.
Quienes quieran comprobarlo podrán hacerlo este lunes 2, cuando Estefan llegue al Lunario del Auditorio Nacional con Michael is Back, espectáculo que presentó en abril en el Teatro Metropólitan y que ahora renueva con el concepto Thriller Party.
“Queremos que todos los asistentes vayan disfrazados. El espectáculo de dos horas está integrado por bailarines, músicos en vivo, pantallas, efectos visuales y hasta trucos de magia, es un montaje muy entretenido”.
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Aunque lleva más de tres décadas homenajeando a Michael y conoce cada una de sus giras, Estefan ha tenido que reinventar su espectáculo para ofrecer propuestas frescas al público.
“Hay que hacer fusiones con diferentes giras, para que la gente vea la evolución de los vestuarios de los 80 a los 90; también hacer un recorrido por la historia musical de Michael Jackson. Por eso presentar un espectáculo como este nos llevó alrededor de seis meses de ensayo. Me metí a estudiar inglés, a tomar clases de canto, pero voy a ser honesto, no puedo hacer (su tono de voz) en todo, porque o cantas o bailas, ambas cosas sólo Michael”.
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Entretenimiento
Festival Internacional de Cine de Sharjah; el cine traduce el dolor en Gaza para los niños
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Sharjah, Emiratos Árabes Unidos.— ¿Qué hacemos para evitarles el dolor de la vida a los niños?
Con tal de no lastimarlos, muchas veces suavizamos palabras, omitimos detalles, recurrimos a metáforas o personajes mágicos para hablarles de temas que ni nosotros comprendemos.
Aunque la realidad siempre tiene forma de encontrarlos, como en el caso de la guerra.
En tres años del conflicto en Gaza, las imágenes desoladoras de padres cargando a sus hijos fallecidos, niños llorando entre los escombros y familias enteras huyendo de sus casas han dado la vuelta al mundo.
Por ello, para los cineastas con vínculos con Palestina, el reto ha sido contar lo que ocurre en la franja sin recurrir a escenas de muerte y destrucción.
“Es realmente complicado abordar con los niños estos temas tan difíciles. Pero hay que hacerlo de una manera sensible, y ese es el desafío”, dice Lina Abdulkarim, realizadora palestinoestadounidense a EL UNIVERSAL.
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I Could Have Been Me, el corto animado de Lina Abdulkarim, se centra en
una niña que vive en EU y conoce a una pequeña desplazada de Gaza. Foto: LINA ABDULKARIM.
“La forma en que intenté hacerlo fue introducir el tema a través de la amistad. No necesitan conocer exactamente todos los detalles de lo que pasa, pero sí pueden comprender que algunos niños no tienen oportunidad de ir a la escuela, no tienen una casa donde vivir o carecen de alimentos”.
La realizadora habla de It Could Have Been Me (Podría haber sido yo), animación sobre una niña de 10 años llamada Yasmeen que vive en Estados Unidos y que conoce a Sumoud, una pequeña desplazada de Gaza que ha perdido a su padre.
En el corto, las niñas descubren que tienen cosas en común, pero otras no. Yasmeen imagina qué habría pasado si ella hubiera crecido en las mismas circunstancias que su nueva amiga.
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“El objetivo es que los niños practiquen esa empatía en un mundo que carece de ella. Incluso puede tratarse de cosas sencillas, como acercarse a alguien que acaba de llegar a una escuela, presentarse y ofrecer su amistad”.
La cinta fue proyectada en el Festival Internacional de Cine de Sharjah para Niños y Jóvenes (SIFF por sus siglas en inglés) que se celebra en los Emiratos Árabes Unidos.

Mike Elsherif presenta Maqluba, cinta en la que una joven palestina se
reúne con su abuela durante una tormenta y surge el choque generacional. Foto: CLOVEHITCH PRODUCTIONS / METALS MEDIA
Otra sobre el tema palestino que destaca es la del jordano Zaid Hassan Al-Sabaileh, director de Shahd, quien tomó la decisión de contar la guerra desde la intimidad de la casa de una niña palestina de unos cinco años.
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En el cortometraje, su madre construye un refugio debajo de una mesa con juguetes, una luz y un libro de cuentos, mientras intenta protegerla de lo que sucede afuera.
“Quisimos ver la situación dentro de su mundo. No queríamos mostrar explosiones y esas imágenes a las que ya estamos acostumbrados”.
La idea funciona de inicio, la pequeña con una discapacidad auditiva juega con su madre debajo de la mesa sin advertir lo que pasa afuera, hasta que la realidad irrumpe en su hogar.
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“Quisimos ser la voz de esos niños que están en Palestina y también en los países vecinos”, añade Al-Sabaileh, quien además tuvo que trabajar de cerca con la pequeña actriz.
“Al principio fue difícil explicarle la situación que estábamos mostrando y por qué hablábamos de eso en la película. Así que intentamos trabajar con ella de otra manera, a su modo, como relacionar sus reacciones con determinados objetos o dibujos”, detalla.
La palestina Nada Khalifa, formada como cineasta en Polonia, trae al festival su filme Qaher, sobre un hombre que vive en Canadá y regresa a Palestina con una cabra como regalo para su sobrino recién nacido.
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Qaher es el filme de la palestina Nada Khalifa, sobre un hombre que vive
en Canadá y regresa a Palestina con una cabra de regalo para su sobrino. Foto: WARSAW FILM SCHOOL
Durante el camino, una familia lo ayuda y hasta bromea con él, pero un retén israelí le impide llegar a casa de su hermana.
“Tú no eres canadiense. Eres árabe. ¡Vete, ahora!”, le dice un soldado.
Mientras el hombre permanece detenido, la cabra escapa e ingresa. El hecho causó cierta gracia a los jóvenes durante la proyección, aunque mostró un tema bastante complicado sobre la libertad de los palestinos.
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Otro proyecto que ha destacado en el festival emiratí es el del palestino estadounidense Mike Elsherif, Maqluba, en el que una abuela y su nieta se reúnen durante una noche de tormenta.
Mientras preparan un platillo tradicional palestino, surgen recuerdos y diferencias entre una persona mayor que vive la diáspora y una joven que no concibió sus tradiciones de la misma manera que la otra.
Elsherif, cuya familia vivió en Kuwait antes de emigrar a Estados Unidos tras la guerra del Golfo, encontró en su propia madre a la actriz que necesitaba para contar esa historia que va sobre una abuela palestina que no quiere perder su casa.
“Quería mostrar a dos mujeres palestinas de generaciones muy distintas que atraviesan un momento difícil y descubren que tienen mucho más en común: traumas compartidos y cosas de su pasado que las conectan”, explica el director.
A diferencia de este proyecto, en Shahd, donde la madre protege a su hija bajo la mesa con juguetes y cuentos, una explosión irrumpe esa aparente paz. Sin hogar, la pequeña cruza un enorme agujero que atraviesa la pared de su casa.
Sin ser explícita, la cita dejó incierto el futuro de la niña y callados a los espectadores. “Todo lo que vemos en internet, en la televisión y en las noticias, lamentablemente, no representa por completo lo que están atravesando”, lamenta el director Al-Sabaileh.
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