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Costa Rica: Chaves deja la presidencia, pero conserva el poder
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Daniel Zovatto*
Costa Rica acaba de inaugurar una experiencia política sin precedentes en su historia republicana. La llegada de Laura Fernández a la presidencia no representa únicamente el inicio de un nuevo gobierno, sino también un experimento de continuidad política que redefine —y tensiona— los límites tradicionales de la transición democrática en el país.
Fernández asumió el viernes 8 de mayo como la mandataria número 50 y la segunda mujer en ejercer la presidencia en un contexto marcado por altas expectativas y un inusual nivel de optimismo respecto del futuro inmediato. A ello hay que sumarle que el oficialista Partido Pueblo Soberano (PPSO) contará con mayoría absoluta en la Asamblea Legislativa: 31 de los 57 escaños. Aliada, como su antecesor, con el presidente Donald Trump, su llegada afianza la ola de gobiernos de derecha en la región. Recientemente, Washington ha retirado visas a críticos al gobierno tico, incluidos los directivos del principal periódico costarricense, La Nación, al que Chávez llama “prensa canalla”.
Pero el capital político de la presidenta Fernández tiene nombre y apellido: Rodrigo Chaves. El 75% de quienes votaron por ella reconocen que el respaldo de Chaves fue determinante en su decisión electoral.
El mandatario saliente deja la presidencia con un elevado 64% de aprobación. Sus principales logros están el terreno económico-social, con un crecimiento anual cercano al 5%, reducción de la pobreza del 23% al 15.2% y una de las inflaciones más bajas de la OCDE. Pero también dejó deudas de peso: no logró contener la inseguridad, los homicidios aumentaron un 45%, incumplió su promesa en luchar contra la corrupción y la inversión social cayó en 2025 a su nivel más bajo desde 2008.
Sin embargo, lo verdaderamente extraordinario —y preocupante— no radica únicamente en la magnitud de su influencia política, sino en la forma institucional que esta ha adoptado. Fernández anunció que Chaves asumirá simultáneamente como ministro de la Presidencia y ministro de Hacienda de su gobierno. Además, tendrá bajo su órbita la Dirección de Inteligencia y Seguridad (DIS). La noticia provocó estupor no solo por el peso estratégico de ambas carteras, sino porque constituye un hecho inédito: jamás en la trayectoria democrática de Costa Rica un presidente saliente había pasado directamente a ocupar cargos de semejante relevancia en el gobierno de su sucesora.
No se trata de una transición convencional. Se trata de una metamorfosis del poder. En realidad de lo que se trata es de la reeleción encubierta de Chaves por otros cuatro años, utilizando para ello la figura de Fernández.
En efecto, el hombre que gobernó Costa Rica durante cuatro años no abandona realmente el poder; simplemente cambia de despacho. Mantiene bajo su control la coordinación política del Ejecutivo, la articulación del gabinete económico, el manejo presupuestario y un importante componente de inteligencia estatal.
Se configura así una peculiar diarquía política en la que, aunque Fernández ejercerá formalmente la presidencia, la influencia y el peso político de Chaves seguirán siendo determinantes en el nuevo gobierno.
La situación adquiere una dimensión especialmente delicada para la institucionalidad democrática por el tema de la inmunidad. Al asumir como ministro, Chaves conservará el fuero que protege a los altos funcionarios del Ejecutivo, pese a enfrentar múltiples causas y denuncias judiciales. Esto implica que cualquier proceso en su contra requerirá no solo la intervención de la Fiscalía General, sino también que la Asamblea Legislativa apruebe previamente el levantamiento de su inmunidad, algo políticamente improbable. Los intentos realizados en 2025 fracasaron por falta de votos y, ahora, con una sólida bancada oficialista —31 de los 57 diputados, cuando para levantarle el fuero se requieren 38 votos—, las posibilidades de avanzar en nuevas acciones son prácticamente nulas. El riesgo es que numerosas investigaciones queden congeladas durante los próximos cuatro años, reforzando la percepción de protección política e impunidad.
El fenómeno trasciende el caso costarricense y conecta con una tendencia que atraviesa diversas democracias: liderazgos personalistas que buscan prolongar su influencia más allá de los límites formales del mandato constitucional. No siempre lo hacen mediante reformas reeleccionistas o rupturas abiertas del orden institucional. A menudo lo logran ocupando nuevos espacios de poder, colonizando estructuras estatales o diseñando mecanismos de continuidad política que preservan el liderazgo real, aunque cambie el titular formal del Ejecutivo.
En mayo del año pasado, tras una breve visita al país, escribí un artículo titulado “Algo huele mal en Costa Rica”. Sostuve entonces que las elecciones de 2026 serían mucho más que una disputa electoral convencional: constituirían una definición sobre el tipo de democracia que los costarricenses querían preservar. Una basada en instituciones sólidas, contrapesos efectivos y equilibrio de poderes, o una crecientemente estructurada alrededor de una figura personalista con tendencias hacia la concentración de poder.
Los costarricenses tomaron una decisión en las urnas el pasado 2 de febrero. Y el resultado es este: un expresidente que no se va; una presidenta, su fiel aliada, que inicia su mandato sin anunciar cambios de rumbo, prometiendo no atentar contra la división de poderes, mano dura contra el crimen, avanzar hacia una “tercera república”, reformas institucionales profundas y enfrentando una agenda de desafíos mayúsculos: gobernar con identidad propia bajo la sombra de su antecesor, recuperar la justicia pronta y cumplida, atender los nuevos retos de la economía, modernizar el Estado, destrabar obras de infraestructura que llevan años sin avanzar, reactivar la generación de empleo formal y retomar una agenda anticorrupción que Chaves dejó inconclusa.
Por su parte, las fuerzas de oposición —con 26 de los 57 diputados— y las instituciones que aún no están bajo control del oficialismo están obligadas a demostrar si conservan la fortaleza suficiente para resistir las tensiones derivadas de esta inédita concentración de poder político. Asimismo, la sociedad civil —ciudadanos, empresarios, periodistas, defensores de derechos humanos, académicos, etc.— también deberá desempeñar un papel decisivo. Cabe recordar que las democracias no se defienden automática ni exclusivamente por la vía institucional: es la ciudadanía la que debe salir en su defensa. No hay democracia sin demócratas valientes y comprometidos.
Costa Rica ha sido, durante décadas, un faro democrático en América Latina, especialmente en una región como Centroamérica, marcada por la fragilidad institucional y la violencia política. Si su democracia se debilita, el impacto trasciende lo nacional: será una pérdida para toda la región en un momento de extrema gravedad. Precisamente por ello, lo que hoy ocurre allí merece especial atención. Porque las democracias no suelen deteriorarse de manera abrupta. Con frecuencia lo hacen desde dentro, gradualmente, mediante pequeñas normalizaciones, reinterpretaciones institucionales y acumulaciones sucesivas de poder alrededor de liderazgos con altos niveles de popularidad.
En síntesis: la pregunta de fondo ya no es únicamente cuánto poder conservará Rodrigo Chaves después de haber dejado la presidencia. Sabemos que será muy alto. La verdadera interrogante es si Costa Rica logrará preservar el delicado equilibrio institucional que, durante décadas, constituyó una de sus mayores fortalezas democráticas.
La respuesta a esta interrogante comenzó a escribirse este viernes. Y si en mayo del año pasado algo “olía mal en Costa Rica”, hoy huele más fuerte que nunca.
*Director y editor de RadarLatam360

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Líderes mundiales felicitan a Lula por su triunfo en Brasil; Trump y Milei guardan silencio
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Líderes mundiales felicitaron al presidente Luiz Inácio Lula da Silva, tras lograr la reelección en la segunda vuelta de las elecciones de este domingo en Brasil. Del ruso Vladimir Putin al colombiano Abelardo de la Espriella expresaron sus congratulaciones. Con dos excepciones: el estadounidense Donald Trump y el argentino Javier Milei guardan silencio.
Putin destacó la contribución personal del político al desarrollo de las relaciones entre ambas potencias.
«Es difícil sobreestimar su contribución personal al fortalecimiento de la alianza estratégica entre Brasil y Rusia», reza el telegrama difundido por el Kremlin.
Putin también expresó su confianza en continuar los esfuerzos conjuntos con Lula para desarrollar la cooperación bilateral en la ONU, el BRICS, el G20 y otras estructuras multilaterales.
El portavoz del Ministerio chino de Exteriores, Guo Jiakun, dijo en rueda de prensa que las autoridades chinas han tomado nota de los resultados en Brasil. «China está dispuesta a trabajar con Brasil para seguir avanzando en la construcción de la comunidad de futuro compartido entre ambos países», afirmó Guo.
El presidente palestino, Mahmud Abbs, dijo que el triunfo de Lula «refleja la voluntad del pueblo brasileño y su confianza en sus políticas y sus posiciones valientes y responsables a nivel nacional e internacional».
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El primer ministro de India, Narendra Modi, señaló que espera «trabajar en estrecha colaboración [con Lula] para profundizar y expandir aún más la multifacética Asociación Estratégica entre la India y Brasil«.
El presidente de Nigeria, Bola Ahmed Tinubu, valoró la victoria «sin precedentes» de Lula y apostó por impulsar intereses comunes «en África, América del Sur y en todo el Sur Global», dentro de un “orden mundial que cambia rápidamente”.
El chavismo también alzó la voz. El gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) consideró como una «contundente gesta democrática» la victoria de Lula.
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«Desde el PSUV ratificamos nuestro compromiso con las luchas y anhelos del pueblo brasileño, al cual seguiremos acompañando con el espíritu de fraternidad y respeto que caracteriza al internacionalismo bolivariano del siglo XXI», indicó el partido.
El colombiano De la Espriella recordó que «en la campaña presidencial colombiana, el presidente Lula apoyó abiertamente a Iván Cepeda y gané yo. En la campaña brasileña, apoyé a Bolsonaro y ganó Lula».
Sin embargo, añadió, «ni Lula decide por los colombianos ni yo decido por los brasileños. ¡DECIDE LA GENTE! Y cuando el pueblo se pronuncia en las urnas, su voluntad se respeta porque es sagrada. ¡En eso consiste la democracia!». Destacó que aunque tenga «grandes diferencias políticas e ideológicas» con Lula, «coincidimos en algo fundamental: Brasil y Colombia se necesitan mutuamente». Por ello, abogó por trabajar «en beneficio de nuestros pueblos».
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El gobierno de Costa Rica reiteró su disposición de «continuar fortaleciendo los lazos de amistad y cooperación con Brasil, así como de seguir trabajando conjuntamente en favor de los intereses comunes y el bienestar de nuestros pueblos».
En Chile, el presidente José Antonio Kast, firme aliado de Flávio Bolsonaro -quien no ha reconocido su derrota-, dijo haber conversado con el brasileño y extenderle sus felicitaciones.
«Chile y Brasil tienen mucho futuro en común«, apuntó Kast. «Seguiremos trabajando por una agenda que potencie las relaciones entre nuestros países en integración económica y combate al crimen organizado en la región», añadió.
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El ecuatoriano Daniel Noboa, que defiende la mano dura contra la criminalidad, abogó igualmente por la cooperación en el cuarto mandato de Lula.
«Nuestra región tiene enemigos comunes, desafíos compartidos y mucho por ganar cuando trabajamos juntos», indicó el mandatario de derecha en X.

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‘Es un sector muy chiquito’: ¿Por qué los transportistas bloquean carreteras en México HOY?
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La presidenta Claudia Sheinbaum aseguró que el paro nacional de transportistas en las principales carreteras del país se debe a un sector de trabajadores que busca ampliar la reducción de impuestos.
“Es un sector de transportistas muy pequeño el afectado y la mayoría de los transportistas ha manifestado que no tiene ningún problema”, dijo la mandataria durante su conferencia ‘mañanera’ de este lunes 26 de octubre.
La Secretaría de Hacienda consideró que se tenía un beneficio excesivo en la Ley de Ingresos 2027 y la modificación solamente afecta a un sector muy pequeño.
De acuerdo con la mandataria, la principal causa de la movilización es que se busca una doble deducción del pago del Impuesto Sobre la Renta (ISR) por el peaje, luego de que Hacienda limitó las deducciones de impuestos de 300 a 250 millones de pesos.
transportistas se reunirán con la Secretaría de Gobernación y la Secretaría de Hacienda para atender sus demandas.
Los transportistas también se manifiestan para exigir mayor seguridad en las carreteras, así como denunciar el robo de mercancías y pagos de cuotas al crimen organizado.
Al respecto, la presidenta aseguró que existen reuniones y comunicación directa con la Secretaría de Seguridad, así como con la Guardia Nacional, para garantizar la seguridad de los trabajadores.
Sheinbaum señaló que cuando se anuncian paros de transportistas, la Segob busca el diálogo para evitar cualquier afectación y solamente un sector de la Cámara Nacional de Autotransporte de Carga (Canacar) se iba a movilizar.
¿Cómo va el paro de transportistas hoy 26 de octubre?
Desde las 7:30 horas, los transportistas se concentraron en distintos puntos carreteros de los estados como parte del paro nacional anunciado el viernes. Estas son algunas de las carreteras donde habrá bloqueos este lunes:
- Carretera México-Querétaro, en la caseta de Tepotzotlán.
- Carretera Chamapa-Lechería, en dirección al AIFA a la altura de la caseta Chamapa.
- Autopista México-Pachuca.
- Autopista Ecatepec-Pirámides.
- Autopista Peñón-Texcoco.
- Arco norte, en su conexión con la México-Pachuca.
- Autopista México-Puebla.
- Autopista México-Toluca, a la altura de la caseta Toluca/La Marquesa.
- Corredores industriales en Cuautitlán Izcalli, Tultitlán, Tepotzotlán.
La autopista México-Querétaro fue uno de los principales puntos donde comenzaron las movilizaciones, a la altura de la caseta de Tepotzotlán, donde 10 tractocamiones permanecen estacionados en las laterales de ambos sentidos.
Mientras que en la Ciudad de México hay un grupo que se concentra en la lateral de Calzada Vallejo, cerca de la estación de carga de Tenayuca, con la intención de dirigirse hacia la zona del Hospital La Raza, pero se descartan cierres viales.
*Con información de Quadratín
Dirigentes de potencias mundiales (a excepción de Donald Trump) y de América Latina saludaron este lunes la histórica reelección del presidente izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, mal recibida por la Bolsa de Sao Paulo, que suspendió negociaciones por una fuerte caída.
Lula, de casi 81 años, remontó sorpresivamente una elección que parecía encaminada a una victoria del hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro.
Luego de obtener el 51.8% de los votos, Lula tendrá un cuarto mandato para consolidar a Brasil como un bastión de la izquierda en una región que gira mayoritariamente hacia la derecha.
El mercado reaccionó con escepticismo: la Bolsa de Sao Paulo suspendió este lunes por 30 minutos las transacciones antes de su apertura por una fuerte caída de las acciones.
El precio del dólar se disparó un 12%, hasta 5.60 reales.
Flávio Bolsonaro, de 45 años, dijo que pedirá la anulación de las elecciones en las que consiguió el 48.2% de los sufragios al denunciar una «ruptura total de la isonomía entre brasileños», luego de que un juez del supremo extendiera por dos horas la jornada electoral.
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La medida fue tomada debido a que Lula denunció problemas en el transporte público que dificultaron la votación en ciudades como Sao Paulo y también por una petición de Flávio Bolsonaro por «intensas lluvias» en algunos municipios.
La negación de los resultados recuerda la reacción de su padre en 2022. Jair Bolsonaro nunca reconoció su derrota ante Lula en el balotaje de ese año. Más tarde fue condenado a 27 años de cárcel por un intento de golpe de Estado contra el izquierdista.

De acuerdo con el conteo de la segunda vuelta, Lula da Silva de proyecta para su cuarto mandato no consecutivo. (25/10/26) Foto: EFE
Las cifras dimensionan la victoria de Lula.
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En su séptima contienda presidencial, obtuvo más de 64.2 millones de votos, una cifra jamás registrada en Brasil.
En un balotaje con una abstención de 19%, menor que en el primer turno, pasó de estar rezagado por 2.2 millones de sufragios ante Bolsonaro a superarlo por 4.4 millones.
También cayeron los votos nulos y en blanco.
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«Le debo esta victoria a la juventud rebelde que se levantó para defender la democracia«, dijo Lula en la noche, casi sin voz, rodeado por una multitud en la emblemática avenida Paulista de Sao Paulo.
Lula consiguió otro resultado clave: dio vuelta a su derrota en el primer turno en Minas Gerais, un estado agroindustrial que históricamente funciona como termómetro electoral.
Para el analista político Thomas Traumann, parte de su éxito se debe al rechazo que generaba la posibilidad de un nuevo gobierno de la ultraderecha.
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Fue «la victoria del miedo al regreso de Bolsonaro», dijo a la AFP.
«Estoy muy feliz», «creo que hemos conseguido derrotar una amenaza muy difícil», celebró el lunes Maira de Mello Cabral, una psicoanalista de 42 años en Río de Janeiro.

El presidente de Brasil y candidato a la reelección por el Partido de los Trabajadores (PT), Luiz Inácio Lula da Silva, hace gestos en un centro de votación durante la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en São Bernardo do Campo, en el estado de São Paulo, Brasil, el 25 de octubre de 2026. Lula da Silva se enfrenta al senador de derecha Flávio Bolsonaro en una segunda vuelta que determinará si Brasil sigue siendo una de las pocas naciones de izquierda en la región o si se suma a un giro regional hacia la derecha, impulsado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aliado de Bolsonaro. Foto: AFP
Flávio Bolsonaro aseguró que es «imposible reconocer el resultado», rodeado de jóvenes con millones de seguidores en las redes sociales que se niegan a aceptar la derrota.
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Para el politólogo Oliver Stuenkel, «la diferencia de votos fue bastante considerable», por lo que «será muy difícil» para el candidato «convencer a los votantes de que el resultado se debe a un fraude electoral».
Lula venció a Jair Bolsonaro hace cuatro años por una diferencia de apenas 1.8 puntos porcentuales, equivalente a 2.1 millones de votos.
Bolsonaristas lideraron un movimiento golpista que asaltó las sedes del Congreso, el Tribunal Supremo y la Presidencia en Brasilia en enero de 2023.
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Uno de los mayores retos que tendrá por delante Lula en su mandato, que irá hasta 2030, será negociar con el legislativo, donde la derecha reforzó su presencia.
Los presidentes del Senado y la Cámara de Diputados reconocieron su victoria.

El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, en su discurso en Sao Paulo tras la victoria en la segunda vuelta de las elecciones. Foto: Nelson Almeida/ AFP
Aliados de peso de Brasil, como China y Rusia, celebraron el triunfo de Lula sobre el hijo de un aliado de Donald Trump.
El presidente estadounidense aseguró antes del conteo de votos que estaba «siguiendo» la elección y no se ha manifestado tras el resultado.
Lula lo acusó durante la campaña de intentar entrometerse en la elección y a la empresa estadounidense Meta de «interferencia» a favor de Bolsonaro.
En la región, líderes de derecha cercanos a Washington como los presidentes de Chile, Colombia, Perú, Paraguay y Bolivia, saludaron la reelección del exlíder sindicalista, así como países europeos como Francia y Alemania.
El presidente argentino Javier Milei, escudero de Flávio Bolsonaro en la carrera presidencial, ha mantenido silencio.

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